NO ES UN PLANETA APTO PARA LA VIDA… LA TIERRA

Caer en la cuenta de que la Tierra es un planeta parcialmente congelado tal vez nos haga conscientes de la gravedad que supone una situación así ¿o quizás esa afirmación ha ido demasiado lejos? A simple vista, desde el espacio no es posible saber las dimensiones del casquete polar antártico, ni tampoco su temperatura reinante, por lo tanto, hay que recurrir a los datos:

La superficie de la Antártida, de alrededor de 14 millones de km2, está ocupada en un 98% por un casquete glaciar que alcanza en algunos lugares 4 km de espesor, con un volumen estimado en 30 millones de km3, que representa el 90% de las reservas de agua dulce del planeta […] El espesor medio de la capa de hielo de la Antártida es superior a los 2 km […] La temperatura media de la superficie es de -49ºC en el polo sur (2.800 m de altitud), -56ºC en la estación Vostok (3.420 m). En la costa la temperatura media es de -10ºC. En la península antártica, la temperatura media es de -5ºC, en la estación Byrd la temperatura media es de -28ºC (1.515 m). Estas temperaturas tan bajas son aún más temibles para los seres vivos al estar acompañadas de fuertes vientos, -se han registrado 226 km/h en Mirny-. […] Sobre esta masa de hielo reina un potente anticiclón, que engendra a la vez temperaturas muy bajas, ─el corazón de la Antártida es el punto más frío del globo─, y violentos vientos conocidos como catabáticos.

Fuente (traducido y adaptado):
Pierre CARRIÈRE, Edmond JOUVE, Jean JOUZEL, Gérard JUGIE, Claude LORIUS, « ANTARCTIQUE », Encyclopædia Universalis [en ligne], consulté le 11 avril 2021. URL : https://www.universalis.fr/encyclopedie/antarctique/
François ARBEY, Louis LLIBOUTRY, « GLACIERS », Encyclopædia Universalis [en ligne], consulté le 11 avril 2021. URL : https://www.universalis.fr/encyclopedie/glaciers/

Hasta 4 km de espesor y 2 km de media sobre casi 14 millones de km2, nada menos… cifras estratosféricas que no pueden más que dejar helado ─nunca mejor dicho─ a cualquiera…

Así pues, lo que aparecía como un escenario inverosímil en un planeta habitable no hace más que confirmarse: los datos corroboran que un volumen de hielo colosal domina una parte nada desdeñable de la superficie terrestre, con unas temperaturas incompatibles con biota alguna… parafraseando a Loveloock, de aterrizar una nave alienígena en el interior de la Antártida en búsqueda de vida, hablaría de un planeta sin ella:

Las temperaturas corporales compatibles con una vida activa de los animales están comprendidas entre -2ºC y +50ºC.

Las zonas donde las temperaturas del mes menos frío del año se sitúan alrededor de 9 a 10ºC, constituyen muy a menudo, la frontera a partir de las cuales si el frío desciende la subsistencia de los árboles ya no es posible.

Ningún animal puede aventurarse al interior del continente antártico, frío, ventoso, accidentado, seco, y donde casi nada crece.

Fuente (traducido): Universalis.fr

Vista desde la estación antártica Concordia (situada en Dome C), representativa del aspecto que presenta la mayoría del continente, desde lo alto de una torre de 32 m de altura sobre la superficie, en Enero de 2.004 (Traducido y adaptado) Cortesía de Stephen Hudson.

¿Podríamos ya afirmar entonces que nos hallamos en un planeta parcialmente congelado? aunque la Antártida sea más grande que cualquier país del mundo excepto Rusia, apenas ocupa el 3% del total del globo (510,1 millones km²)… no obstante, ha resultado perfecta para dar la voz de alarma, pues las faraónicas dimensiones que en ella alcanza el hielo nos han puesto tras la pista de la criósfera, que ocupa un destacable 10% como poco, ─puede llegar a duplicarse(!) según la época del año─, del globo: ahora sí podemos afirmar categóricamente que moramos en un planeta parcialmente congelado, nada menos…

Resulta cuanto menos sorprendente que en un planeta habitable encontremos una superficie de tal magnitud tan hostil para los seres vivos, aunque quizás más asombroso aún sea que pese a ello, en la cultura occidental se haya seguido manteniendo esa visión de la Tierra como un planeta ideal para la vida, algo en principio incompatible con la extensión dominada por la criósfera, agravada por las proporciones bíblicas de hielo que encontramos en su representante más sobrecogedor, la Antártida.

Cortesía de: Cindy Starr (GST): visualizador principal, Ronald Weaver (Universidad de Colorado): científico. (NASA)

Esto nos lleva a abordar una cuestión tan trascendental como la habitabilidad de nuestro planeta, tras haber quedado después de este breve pero concluyente análisis, su idoneidad en entredicho.

Por suerte para nosotros, al igual que no ha sido necesario prácticamente bagaje científico alguno para vislumbrar que la Tierra se encontraba parcialmente congelada, tampoco hará falta de él para evaluar a grandes rasgos su habitabilidad, menos aún desde el año 2013, en el que gracias al satélite Suomi NPP tenemos un detallado mapa de la vegetación terrestre, fruto de una misión de la NASA y la NOOA:

Cortesía de: NASA / NOAA

A verde más intenso mayor vegetación y a menos menor, ─sin olvidar que la vegetación es en parte dinámica y depende de las estaciones─, sin verde denota la presencia de zonas áridas, cubiertas de hielo o áreas urbanas, es decir, de una habitabilidad baja o prácticamente nula en el caso de la criósfera.

Podríamos afirmar que aunque en un primer momento esta imagen nos devuelve la tranquilidad, ─es cierto que la mayoría de la superficie terrestre emergida está cubierta de vegetación─, al poco tiempo nos deja dubitativos: no faltan extensiones yermas de una envergadura muy considerable, algunas de las cuales además con condiciones extremadamente desfavorables para los seres vivos como acabamos de ver en la Antártida, lo cual choca de nuevo con esa visión de un planeta ideal para la vida. Por si fuera poco, mirando el mapa más detenidamente, también comprobamos que gran parte de la cobertura vegetal dista de ser frondosa…

Y es que en nuestro mundo temperatura y vida están muy estrechamente relacionadas, y siempre que la pluviometría acompañe, simplificando podría decirse que: a más calor, más vida; siendo buena prueba de ello el paso de la región más fría de la Tierra a la más cálida y lluviosa, que corresponde respectivamente a la Antártida y al medio ecuatorial:

Antártida. Cortesía de: Tas van Ommen – Australian Antarctic Division
Brasil, Para, Selva ecuatorial

Como se suele decir en estos casos, una imagen vale más que mil palabras.

Se observa una diferencia abismal entre ambos espacios: en el medio ecuatorial, la Naturaleza cobra un espectacular protagonismo en el entorno, pasando a formar sin duda, el rasgo más destacado de éste con diferencia, muy lejos del desolador panorama que ofrece la Antártida; en el medio ecuatorial, la vida deja de estar ausente y su presencia es abrumadora.

Esto ocurre, ─siempre según lo que se sabe hasta ahora─, porque la curvatura de nuestro planeta conlleva que la temperatura va subiendo conforme nos desplazamos de los polos al ecuador, aumentando en consonancia la vegetación (repetimos: siempre que la pluviometría acompañe), y así tradicionalmente, nuestro globo se ha dividido en las siguientes zonas climáticas:

Autoría de la proyección Equal Earth: Strebe CC BY-SA 4.0 Zonas climáticas: AHA

Pero he aquí que a salvo de la tendenciosidad occidental, esta representación nos depara otra sorpresa mayúscula: salta a la vista que esta división o similares que llevan siendo referentes desde tiempos remotos no pueden sin embargo, ser correctas.

Por muy pocos conocimientos que se tengan sobre climas del mundo, Rusia no es reputada precisamente por ser una zona templada, tampoco Canadá, incluso en latitudes más al sur y de escasa altitud encontramos temperaturas medias nada templadas; de muestra un botón:

Temperatura media anual:

Moscú: 4.9ºC
Omsk: 1.3ºC
Vladivostok: 5.6ºC
Paris: 11.3ºC
Astracán (Rusia): 10ºC
Pekin: 12.1ºC


Fort McMurray (Canadá): 0.5ºC
Quebec (ciudad): 6.4ºC
Bloomington (Indiana, USA): 11.6ºC
Hoboken (Nueva Jersey, USA):12ºC


Trelew (Argentina): 13.5ºC
Wellington (Nueva Zelanda): 13.2ºC

Así pues, por si no tuviera suficiente con verse condicionado en el futuro por el apocalipsis como se vio en el capítulo anterior, occidente también lo está en el tiempo presente al considerar templadas inmensas áreas frías incluso gélidas. Este total despropósito, completamente incomprensible con los contundentes datos en contra disponibles hoy en día, no puede más que conducir a una gravísima malinterpretación de la habitabilidad real de la Tierra, pasando a parecer entonces mucho más idónea de lo que realmente es.

Como las imperfecciones de este modelo pues saltaban a la vista, se ideó en su día entre otras la clasificación climática de Köppen (la más usada actualmente) para superarlo, pero de nuevo, inexplicablemente, Köppen sigue considerando templado:

… las regiones donde la media del mes más frío es siempre superior a -3ºC.

Fuente (traducido): Universalis.fr

Tampoco podríamos obviar que Köppen era ruso de padres alemanes, nada menos, si hubiese sido oriundo de las Islas Afortunadas, no habría cometido ese error.

Quizás sería buena idea considerar templado una temperatura templada, y entonces obtendríamos unas zonas climáticas mucho más acordes a la realidad, una primera aproximación a grandes rasgos podría ser ésta:

Autoría de la proyección Equal Earth: Strebe CC BY-SA 4.0 Zonas climáticas: AHA

Quedando de paso demostrado que el pánico mundial al calentamiento global es un gigante con los pies de barro.

Aventurarnos a especular que ha llevado a occidente a seguir considerando templadas temperaturas frías e incluso gélidas en la era de la tecnología avanzada podría llevarnos a escribir un libro, de cualquier modo no deja de ser preocupante… aparte de la vaguedad del término templado, la propia tecnología parece haber tenido buena parte de culpa, ya que nos mantiene a cada uno de nosotros en nuestro particular microclima ideal ─a salvo de las bajas temperaturas (gracias principalmente a la indumentaria, sin olvidar vehículos y construcciones climatizadas)─, consecuentemente cualquier clima frío acaba transformándose de facto en templado para nuestro organismo… pero seguramente esta confusión no hubiese llegado tan lejos sin el exacerbado ego de occidente que idealiza todo lo propio, lo que hace que el frío ─tan predominante por latitudes occidentales─ fácilmente pase a considerarse templado, ya que se supone la temperatura óptima; teniendo otro ejemplo en la misma línea, en la sistemática utilización de la proyección de Mercator en cualquier ámbito incluso el educativo cuando estaba pensada para ser usada en navegación, y es que casualmente, las tierras en las que se asienta la civilización occidental aparecen considerablemente más grandes en esta proyección de lo que realmente son.

En cualquier caso, que un enfoque tan anacrónico ─y que conlleva una distorsión de la realidad tan notable─ haya persistido a estas alturas en ciencia es buena prueba de la existencia de la tan desconocida como legendaria incapacidad de occidente para actualizar sus caducos sistemas de valores, a pesar de las contundentes evidencias a favor ─como se está viendo ejemplo de ello a lo largo de este capítulo y también en el anterior─ en contra de lo que cabría esperar de una civilización tecnológicamente avanzada.

Para más inri, y en una buena muestra de lo desconectados que estamos de la realidad, Homo sapiens sapiens es campeón de la vulnerabilidad frente al frío, nuestros cuerpos desnudos no alcanzan la neutralidad térmica hasta los 32ºC(!) nada menos, ─y una humedad relativa del 40–50% (22ºC con ropa)─, una cifra asombrosamente alta atendiendo a las temperaturas reinantes en nuestro planeta, por lo que es fácil deducir que de no ser por la tecnología, ─y por ende sin el abrigo que gracias a ella nos proporciona por ej. la indumentaria como se ha dicho anteriormente (aunque increíblemente algunos indios como los Yámanas o los Kawésqar se valían de una capa de grasa de lobo de mar en un enclave tan austral como el sur de la Patagonia, claro que esto también es tecnología)─, la superficie de Tierra habitable para Homo sapiens sapiens se reduciría enormemente, y aunque no es posible proporcionar cifras contrastadas al ser éste otro punto crucial para la humanidad por el que cultura occidental ha pasado de puntillas, no andaríamos muy descaminados al afirmar que la Antártida por supuesto, pero asimismo Norteamérica, Europa así como la mayor parte de Asia serían territorios vedados para nuestra especie, igualmente gran parte de África, Sudamérica y Oceanía.

A estas alturas ya deberíamos haber empezado a interiorizar lo fría que está la biosfera…

¿Y por cierto, cuan fría está?

15ºC es la temperatura media global, un dato clave que nos va a permitir empezar a concretar el término templado: si 15ªC de temperatura media fuese templada entonces al menos el 10% de la superficie del globo no estaría perpetuamente congelada, confirmando de paso la validez del mapamundi NuevaBiosfera.

Pero por si alguien todavía tuviera dudas de que las bajas temperaturas dominan la Tierra, quedarán despejadas tras saber lo que subyace tras su temperatura media global:

El balance radiativo controla la temperatura de la Tierra:

La Tierra, situada a 150 millones de kilómetros del sol, intercepta una pequeña fracción de su radiación, igual a 1.370 W/m2 (…). Debido a la relación entre la superficie del disco terrestre (superficie de intercepción de la radiación solar) y la superficie de la esfera terrestre, la radiación solar en la cumbre de la atmósfera es de 342 W/m2. En la atmósfera, parte de esa radiación solar (107 W/m2), es reflejada por las nubes, por las partículas presentes en la atmósfera, y por la superficie terrestre […]; la radiación restante, es absorbida por la superficie terrestre (continentes/océanos). Estando en equilibrio radiativo, la radiación solar recibida es compensada por una pérdida de energía bajo la forma de radiación electromagnética, donde la longitud de onda dominante está en función de la temperatura del planeta. La tierra, donde la temperatura media global es de 15ºC, emite radiación infrarroja […] Parte de la radiación infrarroja emitida por La Tierra es absorbida por la atmósfera y reemitida hacia el suelo, lo que tiene por consecuencia calentar la superficie. Este itinerario circular constituye el llamado efecto invernadero. Sin efecto invernadero […], la temperatura de equilibrio de la Tierra sería de 255 K (o sea -18ºC (!)[1]). El efecto invernadero es pues ante todo un fenómeno natural que calienta la superficie de la Tierra cerca de 33ºC (!)[1] […] Estos 33ºC de recalentamiento engendrados por el efecto invernadero están ligados mayormente al vapor de agua (60% del efecto invernadero) y al dióxido de carbono (28%), dos compuestos cuya proporción en la atmósfera no supera respectivamente el 0.1% y el 0.038%.

Fuente (traducido y adaptado):
Frédéric FLUTEAU, Guillaume LE HIR, « CLIMATOLOGIE », Encyclopædia Universalis [en ligne], consulté le 11 avril 2021. URL : https://www.universalis.fr/encyclopedie/climatologie/

[1] Nota del autor

Morando en un planeta a -18ªC, estamos contra el calentamiento global… ¿¿¿Qué clase de locura es ésta???

Resulta asombroso comprobar como la civilización que ha llevado a la ciencia a lo más alto, donde el rigor es condición sine qua non, tenga una visión tan poco rigurosa de las condiciones de habitabilidad que ofrece el planeta Tierra, que para más inri saltan a la vista, y que distan de ser ideales para la vida, tal y como cualquiera puede comprobar. Pero mucho más inverosímil todavía que conociéndose la temperatura que tendría una Tierra abiótica ─que de facto la hacen un planeta inhabitable─ se haya desatado semejante cruzada contra el calentamiento global.

Desde el principio no era difícil caer en la cuenta de que el pánico al calentamiento global no era otra cosa que el sempiterno apocalipsis disfrazado, pero que la situación diera un giro de 180º C hasta llegar al extremo de que muy al contrario, nos encontráramos con que nuestro planeta actualmente no es adecuado para albergar vida tal y como la conocemos a causa de la baja temperatura que ofrece su órbita, era algo que no podíamos imaginar ni en la peor de nuestras pesadillas.

Desde este pasado 2020, estamos viviendo tiempos muy convulsos, ahora descubrimos que todavía más confusos: desde tiempos inmemoriales, las sociedades occidentales han rivalizado con cualquier manicomio que se preciara, y por lo que acabamos de ver, lamentablemente alcanzar la tecnología avanzada no les ha servido, contra todo pronóstico, para dejar atrás su locura.

Al menos, esta disparatada historia ha valido para darnos de bruces con la realidad: las condiciones de habitabilidad que ofrece la Tierra son tan poco halagüeñas que no podemos más que desechar definitivamente esa idea tan arraigada de habitar un planeta ideal para la vida, de hecho y por muy sorprendente que pueda parecer a primera vista, ni siquiera puede considerarse apto: la temperatura que ofrecería la superficie de una Tierra que no hubiese sido colonizada por la vida la haría en principio inhabitable, con todas las consecuencias que ello conlleva, quizás la más importante: que si el calentamiento global no existiera, hasta habría que inventarlo.

Dicho esto, tampoco parece posible salir indemne cuando se habita un planeta a -18ºC, y es que dicha temperatura debe suponer un fenomenal estresor para la Naturaleza y por ende trastocar significativamente a los seres vivos que la habitan, como bien demuestra, con solo lo que llevamos visto, Homo sapiens sapiens. Por otra parte, que GAIA sea capaz de remontar más de 30ºC la temperatura de la Tierra es sin duda una hazaña absolutamente extraordinaria, y puede compararse al milagro de la vida.

El problema no es la ignorancia

sino las ideas preconcebidas…

Hans Rosling

AHA

Continuará…

CAP. 1: ESPERANDO EL APOCALIPSIS… EN LA TIERRA

Aquí empieza una serie de artículos en los que descubrirá una visión completamente nueva sobre el cambio climático, lejos de la óptica reduccionista en la que occidente lleva estancada varios años –y a la que ha arrastrado al resto del mundo-, y en la cual se viene a afirmar que por culpa de la humanidad, se ha puesto en marcha un calentamiento global acelerado que nos llevará a la catástrofe en un futuro inmediato.

No podría, no obstante, dejar de mencionarse que la unanimidad no es total, y un reducido grupo de científicos occidentales se opone a esta idea de una u otra forma. Así, encontramos los que niegan que el principal motor del calentamiento global sea antrópico -algo comprensible al ver que el aumento de la temperatura no ha sido constante desde la revolución industrial-, pasando por los que no ven evidencias claras para un desenlace tan trágico, y hasta hay los que consideran completamente despreciable la influencia de la actividad humana sobre el clima.

Sin embargo, hasta la fecha, en la sociedad occidental va ganando por goleada el primer planteamiento, y se puede afirmar con rotundidad que desde hace ya un tiempo, el calentamiento global se ha convertido en sinónimo de apocalipsis.

Es llegado a este punto, cuando cualquiera que haya guardado una prudencial distancia con el etnocentrismo occidental, podría caer en la cuenta, que desde tiempos inmemoriales, por tierras occidentales la idea de un apocalipsis inminente está omnipresente en el imaginario popular -¿del cual se libra la ciencia?- a pesar de que las innumerables premoniciones que siglo tras siglo lo auguraban no se hayan cumplido nunca -recientemente en el 2012 con la profecía Maya o poco antes con el efecto 2000; de hecho a lo largo de la historia se llevan contabilizadas nada menos que unas 160 anunciaciones del fin del mundo (Pérez Campos, 2012)-.

Por lo tanto, no sería del todo descabellado pensar que nos encontramos ante lo que parece ser una inmutable, arraigada y todopoderosa creencia tradicional, esta vez disfrazada de cambio climático.

Si bien, para estar en condiciones de asumir esta verdad, antes habría que verse libre del etnocentrismo occidental, algo que hace tiempo es prácticamente una quimera, pues ¿cómo no caer en el endiosamiento de una civilización que ha sido la primera y con mucha diferencia, en alcanzar la tecnología avanzada? Internet, las computadoras, la electricidad, el ferrocarril, la televisión, el automóvil, los electrodomésticos; ingenios y viajes espaciales y ¡hasta han conseguido llevar al ser humano a la luna! por enumerar algunos hitos inimaginables de lograr para cualquier otro pueblo de la Tierra poco tiempo atrás. Era pues de esperar que el mundo entero e incluso la filosofía milenaria se rindieran ante el statu quo proveniente de occidente, y su camuflado lote de condicionamientos culturales, dogmas y creencias tradicionales; sobra decir que con muy poco o ningún fundamento en la actualidad.

Y seguramente no surgiría la duda, si no fuera porque tras este fantástico desarrollo tecnológico del que han hecho gala, las sociedades occidentales siguen dominadas por las mismas dinámicas bárbaras e irracionales que las han caracterizado a lo largo de la historia: naciones guerreadoras incapaces de detener la sucesión interminable de mortíferos conflictos bélicos creadas por ellas mismas a lo largo y ancho del planeta, destructoras de un medio ambiente sin el cual no podrían sobrevivir, generadoras de unas desigualdades económicas tan injustificadamente desproporcionadas, que uno no puede dejar de preguntarse si no estaremos siendo ya víctimas de la peor versión moderna del feudalismo del que tanto presume occidente haber dejado atrás.

Pero volviendo al tema que nos ocupa, vemos que a priori, hay demasiadas probabilidades de que se esté repitiendo la historia de nuevo -o tal vez deberíamos decir la histeria- tomándose ahora como pretexto el calentamiento global para anunciar (otra vez) el fin del mundo.

Por lo que no cabe más que dejar el modus operandi occidental de lado, retomando la simplicidad, la calma y la mesura; y no menos importante: evitando caer en el error de invisibilizar las influencias culturales, dado que como acabamos de ver, éstas pueden llevarnos por derroteros ajenos a la realidad.

El primer paso será entonces desechar todas las premoniciones climáticas formuladas hasta ahora, para mantenernos a salvo de la tendenciosidad occidental.

El segundo será abordar esta problemática de la forma más sencilla posible, por ejemplo contemplando al planeta Tierra desde el espacio.

A primera vista no se observa nada extraño, de hecho a la mayoría resultará familiar esta imagen:

Pero puestos a huir de la perspectiva occidental, abandonemos esta óptica y veamos cómo se mostraría usualmente la Tierra en Extremo Oriente:

Aunque lo cierto es que este punto de vista tampoco proporciona ninguna información particular.

Otra posibilidad sería ver a nuestro astro desde el Polo Norte, y sigue sin distinguirse nada que nos llame especialmente la atención:

¿Y desde el Polo Sur?

Ahora sí, con este gesto tan inofensivo, aparentemente tan intrascendente, tan banal –y cuando ya nos dábamos por vencidos-, abandonar la perspectiva occidental hace posible que esa ostentosa masa de hielo que domina la Antártida no nos pase desapercibida ¿Cómo ignorar sus vastas dimensiones?

No ha sido necesario consultar la ingente cantidad de publicaciones científicas sobre la problemática del siglo, ni escuchar alarmistas ni escépticos, ni mucho menos los continuos mensajes catastrofistas de los medios de comunicación occidentales sobre el tema. La Tierra vista así deja poco lugar a la duda, pues una superficie de hielo tan considerable cubriendo el Polo Sur sólo puede significar una cosa: en principio un calentamiento global no podría ser perjudicial para la vida en un planeta parcialmente congelado.

Como la historia hacía sospechar, la cultura occidental del apocalipsis sigue creando fantasmas con total éxito como lo lleva haciendo desde tiempos inmemoriales.

No pasemos por alto sin embargo, que en su momento resultaría igual de evidente que la Tierra era plana, o que el Sol giraba en torno a ella. Así que para no cometer el mismo error, en próximos capítulos seguiremos con nuestro análisis a salvo del pensamiento único, confiando en seguir sorteando los condicionamientos culturales occidentales con el mismo éxito, no sea que en contra de la lógica más aplastante, un calentamiento global pudiera ser perjudicial para la vida en un planeta parcialmente congelado.


El camino recto es el más fácil

pero la gente, escoge otros…

Tao Te King